Madre y abogada
Clara Minieri comparte su experiencia como profesional del Derecho y madre de tres hijas. Habla sobre los desafíos, aprendizajes y transformaciones que implicó combinar ambas dimensiones de su vida, en un contexto donde la flexibilidad laboral y la empatía comienzan a redefinir el ejercicio de la profesión.

En vísperas del Día de la Madre, AUNO Abogados conversó con Clara Minieri, abogada y madre de tres niñas, para reflexionar sobre cómo la maternidad atraviesa la carrera profesional de las mujeres en el ámbito jurídico. En un sector históricamente exigente, Clara plantea una mirada honesta sobre los dilemas, las adaptaciones y también las fortalezas que emergen cuando se conjugan la vocación por el Derecho y el ser madre. Su testimonio invita a pensar en una nueva cultura de trabajo, más humana, flexible y consciente de las distintas etapas de la vida.
¿Cómo reaccionaron tus colegas y superiores cuando conocieron que ibas a ser madre por primera vez? ¿Y las posteriores?
Todos mis anuncios de embarazo fueron muy bien recibidos y me sentí siempre muy apoyada.
En mi primer embarazo, sabía que después del parto me esperaba una incógnita: no sabía cómo iba a ser yo como madre o cómo iba a vivir la vuelta al trabajo siéndolo. Volví la primera vez a ZBV con un sistema muy flexible, en el que lo que importaba era que yo cumpliera con mi trabajo.
Después de la licencia de mi segunda hija, fui a renunciar. En ese momento sí estaba desbordada. En mi cabeza, no encontraba la manera de seguir trabajando como abogada senior de un estudio y ser madre de dos menores de dos años a la vez. Al oír mis razones para dejar, uno de mis jefes, Rodrigo Bustingorry, me hizo una contraoferta: un cambio de los temas que yo llevaba, que me tomarían pocas horas diarias, lo que me permitiría seguir en contacto con la profesión y con la posibilidad de volver a asuntos más complejos cuando yo quisiera.
Durante el embarazo de mi tercera hija, tuve que dejar todo de un momento al otro todo porque me mandaron a hacer reposo absoluto y mi equipo no solo se hizo cargo de todo, sino que una y otra vez, con gestos concretos, mostraron su preocupación por mí y mi estado de salud y de ánimo.
No hay palabras para lo agradecida que estoy de haber tenido el beneficio de trabajar con personas y profesionales así.
¿Qué cambios notaste en tu desempeño o en tu forma de ejercer la profesión a partir de la maternidad?
Empecé a capitalizar más el tiempo, a aprovechar lo que se llama el “tiempo muerto”; también tuve que aprender a delegar más y a bajar un poco mi nivel de exigencia.
Comprendí también la importancia de tener orden, que siempre es fundamental, pero más teniendo chicos. Cuando tenés muchas pelotas en el aire, tenés que tener muy presente cuáles son las de vidrio que no podés dejar que se caigan y cuáles son las de plástico. A mí me sirve anotarme todo para poder fijar prioridades y así organizarme (y organizarnos con mi marido, porque desde que tenemos hijas la logística es una gran parte de nuestras vidas).
¿Cómo trabajaste internamente la decisión de seguir trabajando mientras criabas a tus hijos?
Más allá de que el ser humano necesita trabajar para poder comer, para pagar las cuentas, hay otra dimensión, más profunda, del trabajo y es que es un servicio. Hacer las cosas bien, con responsabilidad; tratar con cariño al equipo de uno; cuidar a los clientes—son todas cosas que nos hacen mejores. Como toda actividad humana, el trabajo nos da oportunidades para crecer en nuestras fortalezas y limar nuestras asperezas. Los hijos aprenden más de nuestro ejemplo que de lo que les decimos (eso es una responsabilidad inmensa), y creo que está bueno que vean nuestros empeños por dar lo mejor de nosotros mismos; también que aprendan el valor del trabajo y del esfuerzo.
En un ámbito tan demandante como el legal, ¿qué barreras u objeciones encontraste en tu recorrido como madre y abogada?
El principal enemigo está dentro de cada uno y son las comparaciones, ¡qué cosa odiosa! Las comparaciones son la tumba de la alegría. “No te compares” fue el gran consejo que nos dio mi querida profesora Amy Coney Barrett (juez de la Corte Suprema de Estados Unidos y madre de siete hijos) en el discurso de nuestra graduación. Vuelvo cada tanto sobre él. Lo pueden encontrar AQUI.
Toda persona tiene una combinación irrepetible de dones: todos somos únicos, como también lo son nuestras misiones en la vida. Cada uno tiene su camino. Compararse con los demás no sólo es improductivo, sino que además nos distrae de nuestro propio fin.
¿Qué papel tuvo la virtualidad y la flexibilidad laboral en este equilibrio entre la vida profesional y la familiar?
En mi caso, fueron fundamentales; me permiten trabajar desde la mesa de mi comedor mientras mis hijas juegan cerca; entrar y salir de casa con ellas; estar cuando almuerzan, etc. Estoy muy agradecida por esa oportunidad.
También tengo la gracia de tener toda una red de personas, en quienes confío, para “atajarme” a las chicas y cuidarlas. No es menor tener la tranquilidad de poder encerrarme con la computadora o irme de casa un rato y saber que están bien. Los angloparlantes dicen que “it takes a village to raise a child” y creo realmente que es así.
¿Cómo creés que las instituciones —estudios jurídicos, empresas, colegios o universidades— pueden acompañar mejor a las profesionales que son madres?
En el caso de estudios y empresas, me parece que el énfasis no tiene que estar únicamente puesto en lo que llaman “el techo de cristal”, sino que, en la medida de lo posible, ofrezcan esquemas de horarios flexibles o jornadas reducidas.
En el caso de colegios o universidades, me parece fundamental que ayuden a sus estudiantes a pensar en lo que quieren para sus vidas, fijar prioridades y tomar decisiones informadas.
¿Qué consejo o mensaje le darías a las jóvenes abogadas que planean ser madres sin renunciar a su desarrollo profesional?
Elegir bien al padre de los hijos. Alguien que te ayude a sacar lo mejor de vos misma, y también ¡que te haga reír cuando las cosas no salen de acuerdo a lo planeado! Tiene que ser alguien con quien "ser equipo”, porque la organización es clave y el 50/50 no alcanza; mejor compartir (más que partir) los esfuerzos y trabajos de cada día, los logros y las caídas, las tristezas y las alegrías. A veces uno tira más del carro, a veces el otro, pero lo importante es hacerlo juntos, los dos arriba del mismo auto, en la misma dirección.
Más que nada, quiero que sepan que se puede. Por momentos puede no ser fácil, pero con alegría y optimismo, fijando prioridades y teniendo orden, y rodeándonos de personas en quienes descansar, se puede.
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