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PORTADA

HISTORIA, MARCAS Y PATENTES



El estudio G. Breuer
nació en 1869 como una firma dedicada al registro de marcas y patentes.

Domingo Faustino Sarmiento era presidente de la República Argentina y Gustav Breuer, un joven inmigrante alemán, ya representaba a un cliente con el fin de obtener una patente de invención. Este hecho está plasmado en un documento que aún se conserva en el estudio, dando cuenta que esta historia tiene tiempo y documentos que la avalan.

Recorrer el estudio G. Breuer es transitar las páginas de nuestra historia viva. En sus salas las paredes están adornadas con documentos centenarios firmados por hombres como Carlos Pellegrini (padre). En la biblioteca se encuentra una amplia colección sobre propiedad intelectual y jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia. 
Muchos de los casos en los que trabajó la firma han sido materia de estudio en varias facultades de derecho en la Argentina.
Esta fructífera historia le permite contar con estadísticas que ilustran como era el mercado patentes en al pasado.
Desde el libro que el estudio editó para su 50° aniversario observamos que entre 1876 y 1932 la oficina de patentes registró un total de 137.600 marcas. Casi el 17% fueron registradas por 
G. Breuer. Del mismo modo, las patentes otorgadas por la citada entidad fueron 38.598 y casi el 18% fueron registradas por el estudio.
Por supuesto que no todo es pasado. Al margen de haber nacido como una firma dedicada al registro de marcas y patentes, hoy también brinda asesoramiento legal integral en materia de negocios.
Nos encontramos con Pedro Breuer Moreno para conocer un poco más de la historia y el futuro del estudio.
¿Cómo llega G. Breuer a los 150 años de vida?
Llegamos bien y fuertes, creciendo a pesar de las dificultades de la situación, desarrollándonos en este medio complicado, que mucho no ayuda. Estamos sólidos y seguimos incorporando tanto gente de la familia como externos.

¿Cómo está el mercado de marcas y patentes en la Argentina?
En un contexto histórico, hoy estamos bastante bajos en la cantidad de presentaciones de marcas, y en la cantidad solicitudes de patentes de invención, bastante pobres. Nuestro país eligió no proteger determinados aspectos de las invenciones, por ejemplo, los productos farmacéuticos, todo lo relacionado con la biotecnología y los desarrollos celulares, entonces los inversores o los dueños de las patentes en el exterior creen que la Argentina no vale la pena y no vienen a presentarlas acá. O, si las presentan, el trámite dura eternamente, nunca las conceden, las terminan denegando, es una historia de nunca acabar. En consecuencia, nos dejan de lado a la hora de invertir en estas materias, que son las que explotan en el mundo. Todo ese sector se pierde y queda lo mecánico, lo más tradicional, que cada vez es menos. 

¿Cuáles son las medidas que mejorarían este panorama?
Básicamente, interpretar la ley actual de manera más amplia, no restringiendo su alcance. Y, principalmente, pasar a formar parte del Tratado Patent Cooperation Treaty (PCT), del cual forman parte más de 150 países. Permite al inventor la elección de un montón de países al mismo tiempo, es una comodidad para el inventor para proteger la invención más fácil en un montón de países y no tener que ir lugar por lugar, país por país, presentando una solicitud individual. Después la tramitás en cada lugar, pero simplifica una parte. Acá no quieren porque dicen que implica perder soberanía.

¿Cómo incide en el mercado de las marcas y patentes la tecnología en general?
Incide mucho. Todo el tiempo los nuevos desarrollos de las tecnologías celulares, el desarrollo de internet o la inteligencia artificial están generando nuevas situaciones que el derecho no había contemplado. Hay que ir adaptándose, buscando las soluciones que se creen justas para cada caso. Sobre todo, ir dándole soluciones a los nuevos desafíos, que son distintos. Hoy hay mucha más información que la que existía antes, es un mundo mucho más vertiginoso. Antes, saber si uno había sido el inventor de algo era más difícil, porque si a alguien se le había ocurrido en la otra punta del mundo, ya no tenías novedad. Hoy el mundo está en internet, es increíble cómo se divulga el conocimiento, cómo uno puede investigar y cómo eso colabora con el desarrollo porque uno va levantando ideas de distintos lugares.
Lo de la inteligencia artificial está planteando, no tanto en nuestro país, sino en el exterior, desafíos muy interesantes, sobre todo cuando deja de ser la inteligencia artificial (lo que hasta hoy se conoce como tal), que es una máquina autómata para determinados trabajos que uno le preestablece. Están ya discutiendo cuando crea sola, es autónoma, independiente del hombre, cuando la programaron y ya después crea sola. Se está discutiendo a nivel mundial quién es el dueño, quién tiene derechos, si alguien los tiene, si la entidad esta es una persona y puede ser ella la que se impute o no los derechos. Es lo que se viene, acá siempre demora en llegar, pero llega.

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¿Cómo se relacionan con las nuevas generaciones de clientes?
Nos conocen por cómo nos movemos. Tenemos un nombre relativamente conocido. Tenemos presencia en los congresos y eventos, a los que asistimos Jorge Otamendi, Alejandro Breuer o yo. Se publican artículos. Si uno googlea marcas aparecemos porque tenemos presencia, también en redes sociales. Mucho el boca a boca con los clientes, aunque sea algo antiguo, es el mejor consejo: “Me trataron bien”, “me dieron un buen consejo”, “me dijeron que no gastara plasta innecesariamente por esto o que lo hiciera por este camino y me resultó”. Muchas veces la solución práctica es la que rinde. 

¿Y con la nueva generación de abogados?
Nos encanta porque son un terremoto, una revolución. Todo el tiempo aportando ideas nuevas, queriendo generar situaciones nuevas. Traen cosas nuevas: “Hagamos más home office, hagamos todo en la red”. De hecho, tenemos todo en la nube, así yo puedo trabajar acá, me aburrí, me tomo el tren para no bancarme el tráfico, sigo pensando en el tren, llego a casa, abro la computadora y tengo el mismo escrito que está en la nube. 
Estuvimos la semana pasada en Londres, y desde ahí colaboramos con presentaciones realizadas en Argentina. Lo único que necesitás es una conexión a internet. Y ya hay estudios en los Estados Unidos que no tienen oficina. La Argentina no está preparada para eso, a la gente le gusta ir adonde visitarte, recorrer las oficinas, le gusta que haya oficinas, no sé por qué, porque en el fondo lo que importa es la calidad del trabajo, cualquiera sea. 
Está hace mucho, tenemos una cantidad de libros, está buena, pero realmente uno va viendo. Tuve una discusión hace un año con una abogada norteamericana y le pregunté cómo hacían, y me contestó: “El cliente me llama y me dice el caso que necesita, entonces le contesto que me dé dos días. Si yo logro en esos dos días reunir un equipo para trabajar y hacer esto, porque cada uno tiene sus temas, listo, le decimos que sí, que lo podemos ayudar en el caso, si no le decimos que no”. Yo la miré incrédulo, y le pregunté si estaba en la casa, cómo hacía con los chicos, con el perro, y me contestó que sí, pero que es cuestión de costumbre.
Te quedás pensando: ¿llegaremos a eso? ¿Nuestro trabajo será reemplazado por la inteligencia artificial? Watson es una inteligencia de IBM, que ya hace un montón de cosas, que liquida el trabajo repetitivo y aburrido del abogado. Si te digo: “Tenés toda esta serie de contratos, fijate si tiene tales cláusulas que me pueden llegar a complicar o no”. Eso lo hace una máquina. Antes tenías a alguien que recorría hoja por hoja hasta encontrar eso. Para lo que antes necesitabas 40 abogados, 20 horas; ahora en 5 segundos lo hace una máquina.
Sobre eso, en Europa, la búsqueda de antecedentes de patentes la hacía una persona, que tenía que saber. Por ejemplo, te pedían una patente farmacéutica sobre un compuesto en particular, de cómo reaccionaba una sal. Entonces, tenías que ir a una base anterior a ver si eso mismo o parecido estaba divulgado o inventado, como para que esto no sea novedoso, sino obvio respecto a lo que ya existía. Eran personas que demoraban un año en buscar. Les empezaron a enseñar a las máquinas cómo hacer la búsqueda por determinada palabra, aunque tengan distinto significado, empezaron a aprender el contexto de las palabras y ya bajaron cuatro meses el plazo. Necesitan menos gente y son más rápidos. La eficiencia o la calidad después la vemos. Las máquinas dependen de la información que les das, si cargás mal la información, son el peor bicho del mundo; si la cargás bien, son geniales. 
Es un desafío nuevo, tendrás que encontrar otras formas de hacer. Un abogado canadiense, que, en una conferencia, se presenta, nos dice que fue abogado hasta el 2014, y pone una diapositiva con compañías conocidas, que ya no existen, y luego todas nuevas, de menos de tres años. Y nos pregunta a todos: “¿Por qué nosotros los abogados vamos a seguir trabajando igual que hace 100 años?, ¿quiénes somos nosotros?”. El hombre había dejado de ser abogado para ser consultor. MercadoLibre no existía hace 10 años, entonces ¿por qué nosotros hace 100 años que trabajamos igual?, ¿quiénes somos para tener ese derecho?.

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